Últimamente tengo serios problemas de agresividad literaria, en lugar de describir la aterciopelada piel de un melocotón, me dedico a contemplar la dureza de los melones, aunque leído así, puede llegar incluso a interpretarse de una forma chunga y lasciva, pero la vida real es así.
Hay días que quisiera contar cómo es mi vida laboral, pero no creo que los entresijos de mi currículum le interesen a muchos, aunque he de decir que he hecho un estudio antropológico sobre los jefes en distintos medios de comunicación y he llegado a la conclusión de que a todos les puede el poder y la Gloria, su secretaria.
Otras veces me gustaría desarrollar al detalle mi vida sentimental con aquéllos individuos que han dejado huella... pero sería demasiado surrealista, entre tanto oficio laboral que he llegado a conocer al final esto parecía la lista del INEM.
Y a veces me da por querer mostrar los defectos de la mujer, pero el problema está en que estos empiezan cuando terminan los del hombre, así que como el fin del mundo está programado para el 2012, andamos un poco cortos de espacio, tiempo y ganas.
Por eso mismo quería comentaros que estos días mi neurona anda un poco en sequía creativa, hay tantas cosas a las que me gustaría dedicarle tiempo que sólo tengo ganas de llegar a casa y recrearme delante de un vaso de leche, mientras pienso qué sucederá dentro de cinco minutos.